Tres restaurantes en Madrid donde comer bien y no pagar mucho

Si eres de esas personas que disfrutan más con un buen plato de comida que con cualquier otra cosa, este artículo te interesa. Hoy venimos a descubrirte cinco restaurantes en Madrid donde pasar un rato agradable, que cuentan con una cocina más que decente y que, además, se encuentran en pleno centro de Madrid. Todos sabemos que Malasaña está más de moda que nunca, pero hay una zona dentro de este céntrico barrio, la colindante con Callao, que ha evolucionado a pasos agigantados.

Bar Galleta

Aunque lleva abierto ya unos años, sigue siendo de esos restaurantes a los que siempre apetece volver. El ladrillo visto de sus paredes, cubiertas por cuadros, y la iluminación tenue en tonos amarillos hacen del local un lugar donde poder pasar horas. Su decoración, toda en tonos pardos, habitual en los bistros franceses, hace que el local sea más transitado de noche, seguramente el momento más agradable para pasar un rato en este restaurante.

Con una comida más que decente, el Bar Galleta ha conseguido conquistar a la mayor parte de sus comensales, con platos clásicos a los que se les ha dado una vuelta de tuerca, que cuentan con buen producto y buena ejecución. Ejemplos de ello son las croquetas que ofrecen (las que más nos gustaron fueron las de boletus) o el tartar de salmón. Sin duda uno de los restaurantes en Madrid que está dando y dará que hablar en el futuro. 

El Bistró de la Central

Esta cafetería-restaurante es uno de esos aciertos que pocos comercios consiguen a la hora de integrar un café en sus instalaciones. La Central de Callao cuenta con un local con el que han acertado al 100%. Lejos de los platos congelados que servirían en cualquier otro sitio, esta reciente librería se suma al mundo foodie con la integración de un bistró en toda regla. Abierto durante las horas en las que abre la librería (y un poco más), en él puedes tomarte desde un café (bien hecho, claro) acompañado de un croissant de mantequilla hasta un arroz negro con sepia y azafrán que quita el sentido.

Clarita

Muy cerca de la Plaza de la Luna, en la calle Corredera Baja, está Clarita. Con un local no muy grande pero muy agradable, ha conseguido hacerse hueco entre la variada oferta malasañera para comer. El porqué no extraña a nadie, buena comida (sí, muy buena) a mejor precio si cabe. Dentro de su carta podrás encontrar platos tradicionales con su propio toque, como el pulpo a la brasa con cachelos y chutney de mango (una delicia para los amantes del pulpo) o platos más innovadores, que no suelen encontrarse en cualquier carta (como las vieiras con trufa).

Otro de los motivos que atrae a gran parte del público es su barra. En ella preparan cócteles de todo tipo y son especialistas en gin tonics, uno de los más apreciados del barrio.

 

La importancia de viajar

Hoy en día, muchas personas tienen claro que viajar es una de las facetas más importantes de su vida. Es evidente que para unos será algo vital, mientras que para otros constituirá una actividad secundaria. Sin duda, para los viajeros como nosotros, la importancia de viajar en nuestras vidas es fundamental. Sin duda, las experiencias que vivirás viajando por tu cuenta influirán en cómo tomarte la vida, cómo relacionarte con los demás o qué camino tomar en un futuro. Gracias a las vivencias experimentadas en los lugares visitados y a la relación con otras culturas, nuestro conocimiento se amplía.

La importancia de viajar para el desarrollo de la persona

Hoy en día, el desarrollo de los medios de transporte ha acercado a toda la población a la posibilidad de conocer nuevos lugares, junto con su cultura, gastronomía y costumbres. Gracias a esto, podemos acceder de manera mucho más fácil a grandes viajes a lugares lejanos donde necesitemos invertir más tiempo y presupuesto. En este punto, lo que el viajero de verdad hará será perderse en el lugar de destino, fuera de los circuitos turísticos, para conocer en profundidad la cultura del sitio que está visitando. Sólo de esta forma, el viajero conseguirá descubrir rincones ocultos, secretos del lugar y partes que de otra forma no visitaría.

Gracias a viajar, valoramos lo que tenemos. En el mismo momento del viaje te centras en todo lo positivo, dejas lo negativo atrás y te das cuenta de que, al fin y al cabo, lo malo seguramente no sea tan malo. Te relacionas con otras culturas, con personas diferentes a ti, y desconectas. ¿Para qué te servirá esto? Para ampliar miras, aprender de personas que no piensan exactamente como tú y, al fin y al cabo obtener más conocimientos. El viaje se convierte en una especie de camino de aprendizaje, que poco a poco cala en nosotros y consigue hacernos más sabios y completos.

Si eres un viajero empedernido como lo somos nosotros, seguro que sabes cuál es la importancia de viajar no sólo para pasarlo bien, sino también como aprendizaje vital.